TUBOS REUNIDOS: 134 años de industria ante su mayor crisis

Tubos Reunidos atraviesa probablemente el momento más delicado de sus 134 años de historia. La compañía vasca, especializada en la fabricación de tubos de acero sin soldadura, pasó de obtener resultados extraordinarios en 2022 y 2023 a solicitar concurso voluntario de acreedores el 4 de mayo de 2026. La cotización fue suspendida ese mismo día y la sociedad matriz fue declarada formalmente en concurso el 17 de junio. La administración concursal corresponde a PKF Attest.

Explicar esta crisis únicamente por los aranceles de Estados Unidos sería demasiado sencillo. Es cierto que fueron un golpe muy importante, pero alcanzaron a una empresa que ya presentaba vulnerabilidades: elevado endeudamiento, grandes costes fijos, dependencia de pocos mercados, una actividad muy cíclica y una estructura industrial que necesitaba volúmenes elevados para ser rentable.

La pregunta interesante no es solo cómo ha llegado Tubos Reunidos al concurso. Es también determinar qué parte de la empresa continúa teniendo valor, quién soportará finalmente las pérdidas acumuladas y qué aspecto podría tener el grupo si logra superar la crisis.

De una fábrica vasca a un grupo internacional

El origen de Tubos Reunidos se remonta a 1892, cuando se constituyó Tubos Forjados. Sus primeros productos eran tubos soldados destinados a calderas y conducciones de agua, vapor y gas. La actual compañía, por tanto, hunde sus raíces en la industrialización vasca de finales del siglo XIX.

Durante las décadas siguientes fue ampliando su capacidad y especialización. En los años cuarenta comenzó a fabricar tubo sin soldadura y en 1946 inauguró nuevas instalaciones. En 1968 surgió formalmente Tubos Reunidos mediante la integración de Tubos Forjados con determinados activos industriales de Babcock & Wilcox Española.

La planta de Amurrio, en Álava, terminó convirtiéndose en el núcleo industrial del grupo. En 1977 realizó su primera colada de acero y posteriormente se especializó cada vez más en tubos destinados a petróleo, gas, generación eléctrica y aplicaciones industriales exigentes.

En 1998 adquirió Productos Tubulares, en Trapagaran, Bizkaia. Con ello incorporó tubos de mayores diámetros y espesores y amplió notablemente su catálogo. En 2005 comenzó a cotizar en el mercado continuo español.

El grupo también trató de internacionalizarse. Estados Unidos se convirtió en un mercado especialmente importante y se realizaron inversiones para acercarse a sus clientes. Aquella decisión tuvo sentido durante los periodos de expansión del petróleo y gas norteamericano, pero creó una dependencia que posteriormente se convertiría en uno de sus principales riesgos.

Actualmente el grupo fabrica tubos de acero sin soldadura para exploración y extracción de hidrocarburos, transporte de petróleo y gas, refino, petroquímica, producción de energía, componentes mecánicos y aplicaciones sometidas a elevadas presiones y temperaturas.

Sus principales centros industriales se concentran en Amurrio y Trapagaran, con otras actividades vinculadas históricamente a Álava y presencia comercial internacional.

La empresa no carece, por tanto, de producto ni de conocimiento. Posee instalaciones, trabajadores especializados, homologaciones internacionales y más de un siglo de experiencia siderúrgica. Su problema ha sido convertir todo ello en una actividad suficientemente rentable para soportar la deuda acumulada.

Las cuentas explican mejor la crisis que cualquier relato

Entre 2022 y 2026 las cifras cambian radicalmente.

En 2022 Tubos Reunidos facturó 513,7 millones de euros y obtuvo un resultado bruto de explotación de 64,5 millones. En 2023 alcanzó 532,9 millones de ingresos y 106,8 millones de resultado bruto de explotación. Fueron dos ejercicios excepcionalmente buenos.

En 2024 las ventas cayeron hasta 324 millones y el resultado bruto de explotación se redujo a solamente 8,8 millones. En 2025 los ingresos se recuperaron hasta 365,7 millones, pero la actividad dejó de ser rentable: el resultado bruto de explotación fue negativo en 22,8 millones.

El deterioro es todavía más evidente observando los resultados finales.

En 2023 el grupo ganó aproximadamente 56 millones de euros. En 2025 perdió alrededor de 119 millones.

Esto significa que entre 2023 y 2025 las ventas disminuyeron alrededor de un 31%, pero la compañía perdió casi 130 millones de capacidad anual de generación operativa.

Ahí aparece una de las principales características de Tubos Reunidos: su enorme apalancamiento operativo. Una acería mantiene importantes costes aunque fabrique menos. Personal, mantenimiento, hornos, energía, instalaciones y estructura empresarial no disminuyen automáticamente cuando caen los pedidos.

Con una utilización elevada de las plantas, el negocio puede ser extraordinariamente rentable. Con una utilización baja, puede generar pérdidas muy rápidamente.

Además, el beneficio de 2024 debe interpretarse con precaución. Ese ejercicio se produjo una recompra de deuda con un descuento muy elevado. La sociedad extinguió aproximadamente 107 millones de euros nominales pagando solo unos 27,5 millones, generando un importante resultado financiero positivo. Sin ese efecto extraordinario, la fotografía económica de 2024 habría sido considerablemente peor.

Era una buena operación para reducir deuda, pero también mostraba la situación en la que se encontraba la financiación de la empresa: algunos acreedores estaban dispuestos a aceptar fuertes descuentos para recuperar inmediatamente parte de su dinero.

El primer semestre de 2026 confirmó que la crisis había pasado a otra dimensión. La cifra de negocios fue de solamente 99,4 millones de euros. El resultado bruto de explotación se situó en -30,3 millones y las pérdidas consolidadas alcanzaron aproximadamente 88,2 millones.

Los resultados estuvieron afectados, además, por 96 días de paros y huelga en Amurrio relacionados con el conflicto por el expediente de regulación de empleo.

El balance también se contrajo espectacularmente. Los activos totales habían sido 543,6 millones en 2022 y 530 millones en 2023. Al cierre de 2025 se habían reducido a unos 341,5 millones y en junio de 2026 se situaban aproximadamente en 245 millones.

El patrimonio neto consolidado pasó a ser fuertemente negativo.

Este punto es decisivo: ya no hablamos solamente de una empresa temporalmente poco rentable, sino de una sociedad cuya estructura patrimonial necesita una profunda reconstrucción.

Los deterioros: reconocer que las fábricas valen menos

Una parte importante de las pérdidas de 2025 y 2026 procede de deterioros contables.

Un deterioro no significa necesariamente que la empresa haya pagado esa cantidad en efectivo. Significa que los administradores consideran que determinados activos registrados en el balance ya no podrán generar suficientes ingresos futuros para justificar su valoración anterior.

Tubos Reunidos había invertido históricamente grandes cantidades en instalaciones, maquinaria y capacidad industrial. Cuando las previsiones de producción y rentabilidad se reducen, también debe revisarse el valor recuperable de esos activos.

En 2025 se reconocieron deterioros muy relevantes y en el primer semestre de 2026 se contabilizaron aproximadamente otros 39 millones.

La consecuencia es doble.

Por un lado, el deterioro reduce el beneficio y los fondos propios. Por otro, constituye una señal económica: las previsiones que justificaban determinadas inversiones han empeorado.

No es el origen de la crisis, sino la consecuencia contable de aceptar que parte del valor que aparecía en el balance ya no parece recuperable.

Cómo se acumuló el problema

No existe un único responsable ni un único acontecimiento.

La primera causa fue la dependencia de Estados Unidos. Durante determinados ejercicios este país llegó a representar alrededor de la mitad del negocio. Tubos Reunidos se benefició enormemente cuando la actividad energética estadounidense era elevada.

Pero en 2025 Estados Unidos modificó su política comercial sobre acero. Se eliminaron determinadas exenciones y posteriormente se elevaron los aranceles. Tubos Reunidos perdió competitividad frente a fabricantes estadounidenses.

A ello se añadieron menores pedidos de determinados clientes, presión sobre precios, niveles elevados de existencias en algunos mercados y competencia de productores de costes inferiores.

La segunda causa fue la deuda.

Este probablemente fue el principal elemento que convirtió un grave problema industrial en una crisis de solvencia.

En 2022 la deuda financiera neta rondaba los 293 millones de euros. En 2023, pese a haber generado más de 100 millones de resultado bruto de explotación, todavía superaba los 280 millones.

Aquellos dos buenos ejercicios permitieron mejorar la situación, pero no sanear suficientemente el balance.

En 2024 la deuda neta disminuyó a unos 234 millones, en parte gracias a la recompra con descuento comentada anteriormente. Sin embargo, volvió a aumentar hasta aproximadamente 263 millones en 2025 y alcanzó cerca de 299 millones en junio de 2026.

La evolución resulta particularmente preocupante porque la deuda aumentaba al mismo tiempo que desaparecía la generación operativa de recursos.

La tercera causa fue el tamaño de la estructura industrial. Una actividad siderúrgica necesita mantener cierto volumen mínimo. Cuando una fábrica trabaja muy por debajo de su capacidad, fabricar cada tonelada resulta proporcionalmente mucho más caro.

La cuarta fue la concentración. Depender excesivamente de Estados Unidos y del sector energético incrementaba el riesgo.

Finalmente aparecen las decisiones empresariales. La expansión internacional, las inversiones de capacidad y el mantenimiento de una estructura financiera elevada funcionaron bien mientras el mercado acompañó. El problema fue no haber utilizado en mayor medida los extraordinarios ejercicios de 2022 y 2023 para reducir deuda y aumentar el margen de seguridad.

Esto no permite atribuir jurídicamente la crisis a un determinado administrador. Sí permite identificar una cuestión económica: el grupo llegó demasiado endeudado al siguiente cambio de ciclo.

El rescate público y la investigación judicial

La debilidad financiera no comenzó en 2025.

En 2021 Tubos Reunidos obtuvo 112,8 millones de euros del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas, gestionado por SEPI. Una parte fundamental de la ayuda se instrumentó mediante un préstamo participativo.

Ese préstamo sigue siendo una de las principales partidas financieras del grupo y, con los intereses acumulados, la obligación económica es superior a la cantidad inicialmente recibida.

La concesión y determinadas actuaciones relacionadas con ese rescate son objeto de investigación judicial.

En este asunto debe evitarse cualquier afirmación precipitada. Que exista una investigación no significa que exista corrupción probada.

Las diligencias conocidas públicamente examinan, entre otras cuestiones, la actuación de determinados intermediarios y sus contactos relacionados con operaciones de rescate empresarial. También se han investigado pagos por servicios de intermediación.

Las personas afectadas tienen derecho a la presunción de inocencia y las posibles responsabilidades deberán ser determinadas judicialmente.

Por ello, actualmente puede afirmarse que existen investigaciones sobre actuaciones vinculadas al entorno de la financiación pública, pero no que Tubos Reunidos haya sido condenada por corrupción.

Desde la perspectiva del gobierno empresarial, sí resulta razonable exigir máxima transparencia sobre quién intervino, qué servicios prestó, cuánto cobró y si esas actuaciones tuvieron alguna relación con decisiones públicas.

El caso puede terminar teniendo relevancia reputacional incluso si finalmente no se acreditan delitos.

Auditor, accionistas y posibles conflictos

Las cuentas de Tubos Reunidos han sido auditadas por Ernst & Young.

El auditor emitió opinión favorable sobre las cuentas de los ejercicios analizados. Esto significa que, según su opinión profesional, los estados financieros representan razonablemente la situación de la compañía conforme a las normas contables aplicables.

No significa que garantizase la solvencia futura de la empresa.

En las cuentas de 2025 la situación de continuidad empresarial adquirió especial importancia. El auditor llamó la atención sobre las incertidumbres que rodeaban la evolución futura del grupo.

Esta distinción resulta esencial: una empresa puede presentar cuentas correctamente formuladas y auditadas y, al mismo tiempo, encontrarse en una situación económica gravísima.

En cuanto al accionariado, Tubos Reunidos ha tenido históricamente una estructura relativamente dispersa, aunque con inversores significativos. El informe anual de gobierno corporativo de 2025 permanece registrado en la CNMV y constituye la referencia adecuada para comprobar participaciones significativas, consejeros y posibles operaciones vinculadas.

También deben analizarse cuidadosamente las relaciones entre accionistas, bancos financiadores, administradores y acreedores cuando una compañía entra en concurso. No porque exista necesariamente conflicto ilícito, sino porque sus intereses dejan de coincidir.

El accionista quiere conservar el valor de sus títulos. El banco quiere recuperar sus préstamos. SEPI quiere proteger la financiación pública. Los trabajadores buscan conservar el empleo. Los proveedores necesitan cobrar. Un potencial comprador querrá pagar lo mínimo posible por los activos.

El concurso consiste precisamente en ordenar esos intereses enfrentados conforme a la ley.

Plantilla, conflicto laboral y proveedores

La dimensión social de Tubos Reunidos es especialmente importante en Álava y Bizkaia.

La plantilla fue de aproximadamente 1.415 personas en 2022, 1.376 en 2023, 1.402 en 2024 y 1.279 al cierre de 2025.

Ante el deterioro de la actividad, la compañía planteó importantes ajustes laborales. La negociación provocó un conflicto especialmente intenso en Amurrio y una huelga que afectó a la producción durante 96 días en el primer semestre de 2026.

Aquí también existen dos interpretaciones contrapuestas.

Para la empresa, reducir capacidad y costes era indispensable para recuperar competitividad.

Para los trabajadores, después de años de inversión, ayudas públicas y buenos resultados en 2022 y 2023, el ajuste no podía recaer principalmente sobre el empleo.

Ambas posiciones ayudan a entender por qué la reestructuración resultó tan difícil.

Los proveedores constituyen otra pieza crítica. Una industria siderúrgica necesita materias primas, energía, mantenimiento, transporte y numerosos servicios auxiliares. Cuando aumenta el riesgo de insolvencia, muchos proveedores reducen plazos de pago o exigen garantías adicionales.

Esto genera otro círculo negativo: cuanto mayor es la desconfianza, más liquidez necesita la compañía para mantener la producción.

Concurso, quitas y quién soportará las pérdidas

Tubos Reunidos solicitó concurso voluntario el 4 de mayo de 2026. Las filiales fueron declaradas en concurso el 11 de mayo y la matriz el 17 de junio. La empresa conserva determinadas facultades de administración, pero sometidas a la intervención de PKF Attest.

El procedimiento no supone automáticamente liquidación.

Existen varias alternativas.

La primera es alcanzar un acuerdo con acreedores que incluya aplazamientos y quitas.

La segunda es convertir parte de la deuda en capital.

La tercera es vender activos o sociedades.

La cuarta es transmitir una unidad productiva a otro grupo industrial.

Probablemente la solución final combine varias.

La experiencia de 2024 demuestra que algunos acreedores ya aceptaron pérdidas importantes. La recompra de aproximadamente 107 millones de deuda por unos 27,5 millones implicó una reducción económica extraordinaria del pasivo.

Pero la reestructuración actual tendrá que ser mucho más amplia.

Si el negocio vale menos que la deuda, son los acreedores quienes deben asumir parte de las pérdidas. Y si después de pagar o reestructurar a los acreedores no queda valor suficiente, los actuales accionistas pueden sufrir una fuerte dilución o incluso perder prácticamente toda su inversión.

Salvar Tubos Reunidos como empresa no significa necesariamente salvar el valor de sus acciones actuales.

¿Quién podría comprarla y qué futuro tendría?

El concurso puede facilitar precisamente aquello que Tubos Reunidos no pudo hacer por sí sola: separar el negocio industrial de una estructura financiera que se había vuelto insostenible.

La compañía ha abierto un procedimiento para recibir propuestas destinadas a adquirir la unidad productiva mixta o determinadas sociedades del grupo. La existencia de este proceso confirma que se está explorando una solución industrial además de una puramente financiera.

Tubos Reunidos podría interesar a varios tipos de inversores.

  • Un gran fabricante internacional de tubos obtendría capacidad europea, instalaciones existentes, tecnología, personal formado y acceso a clientes.
  • Un productor siderúrgico podría utilizar las instalaciones para completar su catálogo.
  • También podrían aparecer inversores especializados en reestructuraciones industriales, aunque una solución exclusivamente financiera tendría menos sentido si no existe un equipo industrial capaz de gestionar las plantas.
  • Incluso un competidor podría encontrar importantes economías de escala.

La futura Tubos Reunidos, si sobrevive, probablemente será diferente.

Necesitará menos deuda y posiblemente menor capacidad instalada. Tendrá que depender menos del mercado estadounidense, concentrarse en productos donde la calidad y la tecnología permitan obtener mejores márgenes y abandonar aquellas actividades donde únicamente puede competir mediante precio.

También debería aprovechar sectores distintos del petróleo tradicional: generación energética, nuevas redes industriales, hidrógeno, captura de carbono, altas temperaturas y otras aplicaciones técnicamente exigentes.

Un plan razonable tendría cinco prioridades.

  • Primero, reducir de forma contundente la deuda mediante quitas, capitalización o ambas.
  • Segundo, asegurar suficiente liquidez para que proveedores y clientes recuperen confianza.
  • Tercero, ajustar las fábricas a un volumen de producción realista.
  • Cuarto, diversificar clientes y mercados.
  • Y quinto, imponer una disciplina de inversión mucho mayor: no volver a aumentar capacidad simplemente porque el mercado atraviese temporalmente un ciclo favorable.

Tubos Reunidos demostró en 2022 y 2023 que sus instalaciones pueden ganar mucho dinero. Su problema fue no convertir aquellos beneficios excepcionales en una estructura suficientemente resistente.

La principal lección de su crisis es precisamente esa.

Los aranceles estadounidenses fueron un detonante. La huelga empeoró 2026. La competencia asiática redujo márgenes. La debilidad del mercado energético afectó pedidos. Pero ninguna de esas circunstancias explica por sí sola el concurso.

La verdadera fragilidad estaba en la combinación de elevada deuda, costes fijos, concentración comercial y una estructura industrial demasiado sensible a la utilización de capacidad.

El futuro dependerá ahora menos de recuperar los niveles de beneficios de 2023 que de construir una empresa capaz de sobrevivir cuando vuelvan los años malos.

Tubos Reunidos sigue teniendo fábricas, tecnología, trabajadores especializados, clientes y conocimiento acumulado desde 1892. Eso explica que todavía exista interés industrial.

Pero para comenzar otra etapa será necesario asumir primero las pérdidas de la anterior.

Si el concurso consigue reducir sustancialmente la deuda, atraer un propietario industrial sólido, recuperar la confianza de trabajadores y proveedores y concentrar la producción en actividades rentables, Tubos Reunidos puede continuar siendo una compañía industrial relevante.

Si simplemente se aplazan los problemas financieros sin modificar la estructura del negocio, existe un riesgo evidente de volver a la misma situación en el siguiente descenso del ciclo.

El concurso decidirá, por tanto, algo más importante que quién cobrará cada deuda: decidirá si una compañía histórica de la industria vasca puede transformarse después de la crisis más grave de su historia.

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